La seguridad hídrica se construye entre todos

Veolia avanza con hechos en sus operaciones de Cartagena, Cartago, Corozal, Chinú, La Guajira, Montería, Magangué, Palmira, San Andrés, Sincelejo, Tunja, Zipaquirá y esperando una expansión para la gestión del agua en más territorios de Colombia y Panamá.
La seguridad hídrica se construye entre todos

Durante el último año las operaciones de agua de Veolia en Colombia alcanzaron una escala que permite entender qué significa “seguridad hídrica” en la vida real: 217 millones de m³ de agua potabilizada, 164 millones de m³ de aguas residuales recolectadas y cerca de 149 millones de m³ tratados. A esa capacidad se suman indicadores de servicio como el 94,4% de cobertura de acueducto, 86,6% en cobertura de alcantarillado y en general 3,2 millones de personas atendidas con agua potable.

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La discusión parte del enfoque institucional. El país requiere un pacto por la seguridad hídrica que brinde estabilidad, proteja la capacidad de inversión y asigne responsabilidades. “Sin seguridad jurídica, no hay inversión, y sin inversión, no hay futuro para el agua en Colombia”.

Cuando se habla de inversión, no sólo nos referimos a plantas de tratamiento o tuberías; la inversión en la conservación de las fuentes de agua es aún más relevante. “La protección y restauración de las fuentes de agua es nuestra más importante acción sobre la seguridad hídrica”. La frase no es retórica; en territorios donde el clima se volvió impredecible, la vulnerabilidad de los sistemas se gestiona desde la generación del recurso.

Un ejemplo de esto es lo que está realizando Veolia en la zona de recarga del acuífero de Morroa en Sucre. La compañía interviene 94 hectáreas de bosque seco tropical en áreas asociadas a la recarga del acuífero, sembrando 104 mil árboles nativos. El criterio técnico incluye especies adaptadas al ecosistema y con sistemas radiculares que favorecen infiltración, estabilizan suelos y ayudan a recuperar funciones hidrológicas.

Montería

Por otro lado el saneamiento básico cumple un rol decisivo para la sostenibilidad de las fuentes hídricas. En este punto Buelvas plantea “Las aguas residuales no son un desecho, son una fuente de recursos”. Ese enfoque pone sobre la mesa el reúso y el aprovechamiento de biosólidos. Para esto es fundamental garantizar el correcto tratamiento de las aguas residuales. Veolia alcanzó en 2025 una remoción del 88% de contaminantes en las aguas residuales tratadas y vertidas, así como parámetros de alta eficiencia energética en sus PTAR. 

Finalmente, la gestión del agua sigue avanzando en desarrollo tecnológico. Se propone dejar de operar “por eventos” a operar “por predicción”. La digitalización y la inteligencia artificial permiten anticipar fallas, priorizar renovación de redes y mejorar la eficiencia con información en tiempo real. En términos simples: se interviene antes del colapso, no después. Los centros de excelencia hídrica de Veolia encajan en esa lógica: articulan conocimiento, analítica, automatización y capacidades técnicas para acelerar la reducción de pérdidas, optimizar operaciones y robustecer la resiliencia de los sistemas, hechos demostrados en sus operaciones de Cartagena, Cartago, Corozal, Chinú, La Guajira, Montería, Magangué, Palmira, San Andrés, Sincelejo, Tunja, Zipaquirá y esperando una expansión para la gestión del agua en más territorios de Colombia y Panamá. 

El Día Mundial del Agua suele invitar a discursos pero los datos obligan a tomar decisiones. Buelvas lo señala así: “El agua es un recurso que no es prioridad sino hasta que hace falta”. Aquí está la oportunidad: volverla prioridad antes de que falte.

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